Amor y Obediencia

Amor y Obediencia

Como el Padre me ha amado…

Cuando Jesús iba a partir de este mundo, dejando a sus discípulos en la tierra, les prometió que continuaría amándolos con un amor similar al que su Padre le había manifestado mientras cumplía su misión en la tierra.

Permaneced en mi amor.
Los discípulos no tenían que hacer nada para merecer este amor. Para disfrutar de los rayos solares basta con ubicarnos en el lugar donde estos se proyectan. Así sucede con Jesucristo.

Para disfrutar de su amor, hay que ponerse bajo sus rayos, es decir, permanecer cerca de él, espiritualmente en relación con él.

Si guardareis mis mandamientos…

Este es el camino sobre el cual brillan los rayos del amor divino, el camino de obediencia a Jesús nuestro Señor.

Así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre…

Jesús nos deja su ejemplo: ni un solo segundo de su vida se apartó del camino de la obediencia.
Obedecía por amor a su Padre, y así cumplía la voluntad del que lo había enviado.
Una obediencia sostenida por el gozo de dar la vida eterna a hombres perdidos.

Y para nosotros, ¿en qué consiste la obediencia?

–En amar a Dios y servirle en un mundo totalmente opuesto a él.
–En amar a los hombres y anunciarles la salvación de Dios.

“Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:2).

LECTURA ADICIONAL: Jeremías 52:1-16 – 2 Corintios 11:16-33
Salmo 106:40-48 – Proverbios 23:29-35

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