Ciencia y Revelation por la Pastora Veronica Meza

“El principio de la sabiduría es el temor del Señor”
(Proverbios 1:7).
Cada nuevo descubrimiento de la ciencia pone en evidencia alguna maravilla escondida en la naturaleza. El que la descubre adquiere una reputación legítima.

Pero fácilmente olvidamos que Dios merece una gloria mucho mayor: creó todo lo que la inteligencia humana trata de escrutar, y también dio a los hombres la capacidad para ello.

A lo largo de los siglos, muchos hombres inteligentes se han esforzado en explorar todo lo accesible.
Sin embargo, ya Salomón vislumbró que “no hay fin de hacer muchos libros” (Eclesiastés 12:12).

La inteligencia, esa capacidad dada al hombre para buscar y comprender, debería hacerle discernir la grandeza del Dios creador de quien depende.
Esta facultad implica una responsabilidad moral que el animal no posee.
Pero si el conocimiento de las cosas creadas no lleva a alguien a honrar a Dios y a reconocer su poder y su autoridad, éste agrava su responsabilidad. ¡Dios lo declara inexcusable!

Es absurdo creer que el cuerpo humano sea el fruto del azar, que la inteligencia y todas las facultades del hombre sean producto del caos.
Por nuestro lado, nos inclinamos ante la sabiduría de nuestro Dios Creador. No postrarse humildemente ante su Creador conduce al hombre a vanagloriarse de sus conocimientos –muy limitados–, a levantarse contra Dios, a rebelarse contra su Palabra, e incluso a negar su existencia.

“Bendice, alma mía, al Señor. Señor Dios mío,
mucho te has engrandecido; te has vestido de gloria y
de magnificencia” (Salmo 104:1).

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