De Lo Infinitamente Grande A Lo Infinitamente Pequeño (2)

Hiciste todas ellas con sabiduría. Salmo 104:24
«¿Qué importancia puede tener para Dios nuestra tierra, tan pequeña en el Universo? ¡Y cuánto menos un ser humano!». Así razonaba un astrónomo que poco a poco estaba perdiendo la fe de su juventud. La inmensidad de los cielos le había quitado la confianza en la Biblia, pues no comprendía cómo Dios podía preocuparse por el hombre, que es menos que un granito de arena en comparación con el resto.

Pero su sed de conocimiento no lo dejaba tranquilo. Como sólo durante la noche podía estudiar el cielo con su telescopio, en el día pasaba sus horas libres inclinado sobre un microscopio.
Entonces descubrió nuevos mundos; mundos tan maravillosos como la bóveda celeste.

Poco a poco volvió a tener fe… Si Dios puede ocuparse de detalles tan mínimos y llenar de vida el mundo microscópico, con mayor razón debe interesarse en el hombre, la criatura más compleja del mundo biológico.Estas reflexiones le dieron una visión más equilibrada de las cosas y reemplazaron sus antiguos prejuicios.

¡Y esto lo acercó a Dios!
Sí, Dios amó al hombre con un amor eterno y, a pesar de su caída moral, lo atrae con bondad (Jeremías 31:3).
Dio a su amado Hijo para salvarnos; así demostró su interés y su amor por cada uno de nosotros.
Hablad de todas sus maravillas. Salmo 105:2

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