Estoy esperando, quizás un buen día…

«Tú tienes suerte de tener fe, pero yo no. No es culpa mía… Pero estoy esperando; a lo mejor un día Dios me la da…».

Este razonamiento es bastante común.

Deja suponer que aquellos que tienen fe son afortunados, y que los que   carecen de ella no tienen la culpa, que simplemente deben esperar pasivamente a que les llegue… Pero esto es contrario a la enseñanza bíblica. Jesús dijo: “El que busca, halla” (Mateo 7:8).

¡Felizmente, tener fe no es una cuestión de azar! El que razona así olvida la responsabilidad del hombre ante Dios.

Es cierto que solo Dios puede hacer que un hombre tenga fe en su Hijo   Jesucristo.

En efecto, por nosotros mismos nunca iríamos espontáneamente a él.

Pero también es igual de cierto que Dios manda a todo hombre que se   arrepienta y crea en lo que Él dice.

Tenemos, pues, la responsabilidad de obedecer.      La soberanía de Dios, que da la fe, y la responsabilidad del hombre para recibirla son inseparables.

De modo que nadie será salvo si no es por pura gracia.

Pero todas las personas que no acepten al Señor Jesús como Salvador  personal estarán perdidas por su propia falta: el haberlo rechazado.

Estos dos hechos, que parecen inconciliables para nuestras mentes limitadas, están claramente establecidos en la Biblia, y nos inclinamos ante la   Palabra de Dios.

Así, en lugar de esperar pasivamente que la fe nos llegue, respondamos a las urgentes invitaciones de ese Dios que nos ama y quiere salvarnos.

LECTURA ADICIONAL:1 Samuel 30 – Mateo 22:23-46 – Salmo 19:7-10

Proverbios 7:6-23

 

 

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