Hablemos De Jesús A Los Que Nos Rodean

Leer los evangelios significa tener un encuentro con Jesús, el Hijo de Dios, verlo caminar sobre la tierra.

Como los que se encontraron físicamente con él en el camino, ¿nuestro primer acto es darlo a conocer a los demás? Juan el Bautista, al ver a Jesús, exclamó: “He aquí el Cordero de Dios”. Inmediatamente dos de sus discípulos vieron a Jesús y lo siguieron.

Andrés, uno de ellos, fue a su hermano Simón y le anunció: “Hemos hallado al Mesías”. ¡Y lo llevó a Jesús!
En su sencillez, estas palabras de la Biblia nos interpelan: ¿me preocupo por llevar a Jesús a ese familiar, ese compañero o vecino que veo cada día? Si los cristianos no hablan a su alrededor de Jesús, el Salvador del mundo, ¿quién lo hará? Hablar de Jesús es un reflejo inmediato para los que tienen una conciencia despierta y están llenos del amor de Dios.

Los que conocen al Señor deben ayudar a aquellos que todavía están en un profundo sueño de indiferencia o incredulidad a encontrarlo también.

La mujer samaritana que acababa de encontrar a Jesús regresó inmediatamente a la ciudad y exclamó feliz: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?”.

Entonces muchas personas fueron a Jesús, y muchos decían a esta mujer: “Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42). Jeremías 45-46 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11

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