Jesús, la imagen del Dios invisible

A través de los relatos de los evangelios, Dios se revela en Jesús.
Y esta revelación también es para nosotros, pues Dios no cambia. Veamos a Jesús, rodeado de niños; sus discípulos querían alejarlos de él, porque creían que esos pequeños molestaban al maestro.
Jesús, indignado, reprendió a sus discípulos y, tomando en brazos a esos niños, los bendijo (Marcos 10:13-16).
En toda ocasión mostró a los niños el más tierno interés.
Al atardecer de un sábado llevaron a Jesús numerosos enfermos. Pese al cansancio de un largo día, Jesús los acogió con compasión.
Hubiese podido sanarlos a todos simplemente mediante una palabra, pero quiso ocuparse personalmente de cada uno (Lucas 4:40).
Usted que está sufriendo, puede estar seguro de que Dios quiere ocuparse de su caso personal, como si fuese único.
Multitudes de personas siguieron continuamente a Jesús durante varios días. Él les enseñó sin cansarse y sanó a los enfermos.
Sus discípulos, cansados, le sugirieron que despidiese a todas esas personas, pero Jesús se negó rotundamente a dejarlos ir en ayunas.
Como sabía que algunos venían de lejos, temía que no soportasen el cansancio del camino (Marcos 8:3), por eso él mismo alimentó a la multitud antes de dejarla ir.
El Señor Jesús es sensible a la escasez de los que tienen hambre.
Al pasar por Samaria, Jesús, cansado y sediento, se sentó cerca de un pozo. Quería calmar la conciencia de una mujer despreciada y apagar la sed de su corazón (Juan 4:5-29). Él no despreciaba a nadie y estaba atento a las preguntas de cada persona.
Jesús tuvo la muerte ante sí varias veces y mostró su poder divino y su simpatía. Resucitó a una niña de doce años y la devolvió a sus padres. Dirigió estas palabras reconfortantes a una viuda que lloraba por la muerte de su único hijo: “No llores”. Luego resucitó al joven y lo entregó vivo a su madre (Lucas 7:11-17).
En toda su vida Jesús, “la imagen del Dios invisible”, nos revela a un Dios de amor, de bondad y de compasión ante el sufrimiento.
También nos muestra que hay circunstancias en las que no podemos entender todo y debemos someternos a él confiadamente. La maravillosa vida de Jesús es opuesta a la idea de un Dios lejano, insensible e incluso duro con el hombre. Pero Jesús vino para ganar nuestra confianza, calmar nuestros sufrimientos, refutar las mentiras del diablo y aniquilar sus obras.

Categories: Pensamientos
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