La Biblia, Una Semilla

Toda semilla contiene un germen en el que está escondida la vida de la planta. Puesta en tierra, la semilla manifestará su vitalidad mediante el brote que saldrá de ella.

Lo mismo sucede con la Palabra de Dios, que tiene en sí misma un poder de vida.
Cuando la recibimos y creemos en ella, produce una vida nueva dada por Dios.

Esto está ilustrado en la parábola del sembrador (Marcos 4:1-20).
La misma semilla cae en cuatro terrenos diferentes: junto al camino,
en pedregales, entre los espinos y en buena tierra.
Pero solo la buena tierra permite a la semilla llevar fruto.

¿Qué significado tienen estos cuatro terrenos?
Jesús mismo da la explicación.

El camino representa un corazón en el cual los placeres y las distracciones del mundo ocupan todo el lugar. Escuchamos la Palabra de Dios, pero no le prestamos atención. Somos indiferentes al amor de Cristo y a su mensaje de gracia.

En los pedregales, la planta brota rápidamente, pero como no tiene raíz, no tarda en secarse. Es el símbolo de aquellos que solo tienen el barniz de la religión. Tan pronto como aparece la prueba, rechazan todo lo que pretendieron haber creído.

Los espinos evocan las preocupaciones y la seducción de las riquezas, que ahogan la Palabra de Dios.
La buena tierra designa el “corazón bueno y recto” (Lucas 8:15) de aquel que reconoce sus faltas, que siente la necesidad del perdón y del amor divino, y trata de poner en práctica el mensaje bíblico.

¿A qué terreno se parece mi corazón?

Jeremías 18 – Lucas 21:1-24 – Salmo 94:8-15
Proverbios 21:13-14

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