Pero Yo… ¿Y Tú?

Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Romanos 14:12

A veces hablamos de naciones cristianas o familias cristianas, pero en realidad la fe es individual.

Quizás haya vivido en cierto entorno, en una familia en la que recibio una educación cristiana, en la que vio un ejemplo de lo que el Evangelio produce en la vida de aquel que lo acepta, ¡pero esto no hace que usted yo seamos un cristiano!

En la primera parte de la Biblia, Israel es presentado como un pueblo reconocido por Dios.

Todos los que lo componían disfrutaban de las ventajas ligadas a esta condición. Pero en este pueblo, unos tenían fe y otros no; unos buscaban a Dios, los otros no.

Lo mismo sucede hoy en día: es una terrible ilusión considerar como hijos de Dios a todos los que, exteriormente, forman parte de la cristiandad porque fueron bautizados.

La Palabra de Dios dice que solo a los que recibieron a Cristo en su vida, “les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Hay un momento en el que debo decir: «Pero yo…». Independientemente del entorno en que viva, que la gente sea indiferente al cristianismo, opuesta o creyente, debo presentarme ante Dios, recibir su mensaje y creer personalmente.

Luego tengo que avanzar… pero no «con las piernas de los demás», dejándome llevar por la corriente o la tradición, sino con una fe personal.

La fe de mis padres o de mis amigos no puede reemplazar la mía.

“Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). Y Jesucristo nos dice a cada uno: “Sígueme tú” (Juan 21:22).
LECTURA : Levítico 6 – Romanos 3 – Salmo 63:1-4 – Proverbios 16:3-4

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