¿Qué Tienes, Dormilón?

Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir. Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios. Jonás 1:5-6

Esta pregunta sorprendió a Jonás mientras dormía en el barco que lo alejaba de su país. Pensaba que así escaparía de Dios, pero, ¿cómo escapar de Aquel que ve todo?
Jonás era un siervo de Dios, un profeta que había recibido una misión: llevar a los habitantes de Nínive un solemne mensaje: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4).
En su bondad, Dios quiso advertirles antes de que el juicio los alcanzara, para que pudieran arrepentirse y se les concediese la gracia.

Jonás había comprendido muy bien esto, pero temía perder su reputación de profeta si el juicio que debía anunciar no se ejecutaba debido a esta gracia. Por ello no quiso obedecer y prefirió huir.
Dios habló a Jonás en aquel rincón del barco, y para hacer que se arrepintiese empleó a marineros que no conocían a Dios.

En nuestra vida, ¿no huimos a veces porque queremos escapar de nuestra responsabilidad?
Sin huir a los confines de la tierra, quisiéramos evadir nuestro deber. Las buenas razones que alegamos confirman nuestra desobediencia. Entonces tratamos de escondernos o nos enredamos en los afanes de la vida hasta perder la conciencia de la presencia del Señor.

Pero la voz divina se dirige a nosotros: “¿Qué tienes, dormilón?”.

El Señor pone en nuestro camino numerosas ocasiones para dar   testimonio de él.
No sigamos el camino de Jonás; más bien digamos:

Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:8).

LECTURA ADICIONAL:

Isaías 56-57 

Marcos 10:1-31

Salmo 55:16-23 

Proverbios 15:7-8

Categories: Pensamientos
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