¿Quién nos mostrará el bien?

Esta era la pregunta que se hacían los contemporáneos del rey David, hace unos tres mil años. Y es la pregunta que todavía hoy nos hacemos al ver tanto mal en nosotros y a nuestro alrededor.
Esta pregunta nos lleva a otra: ¿Qué es el bien?
¿Es una noción relativa que depende de la forma de pensar de cada uno?

La Biblia nos dice que el bien se encuentra en Dios, y solo en él. Es la expresión de su bondad, de su bendición.
El bien y la felicidad están tan asociados que la misma palabra hebrea puede ser traducida de las dos maneras.
¿Quién nos mostrará el bien? Sí, ¿quién nos mostrará la felicidad?
Los veremos a ambos si tenemos un encuentro con Dios, por la fe en su Hijo.
Conoceremos a Dios, su bondad, su amor, si vamos a él tal como somos, sencillamente reconociendo nuestras faltas y abriendo nuestro corazón a Jesús.
Entonces conoceremos, mediante la obra del Espíritu Santo, un gozo nuevo, profundo, unido a una conciencia liberada.

En la época de David, el mosto y el trigo (grano) eran los símbolos de la prosperidad material.
Pero este salmo 4 nos dice que hay un gozo más grande que el que produce esta prosperidad.

¡Es el gozo que viene de Dios! Es el gozo ligado a su presencia, el gozo de ser amado por él, unido a la tranquilidad que experimentamos al saber que él cuida de nosotros.
Si estamos llenos de él, entonces podremos, por el poder de su Espíritu, ser un canal de bendición para otros.

LECTURA ADICIONAL: Números 11 – 1 Juan 1 – Salmo 78:1-8
Proverbios 18:9-10

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