Una Vida Pura

Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz… Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo… porque todas estas son cosas que aborrezco, dice el Señor. Zacarías 8:16-17
Los ritos y prescripciones del Antiguo Testamento indicaban al pueblo de Israel lo que debían hacer para presentarse ante Dios.

Permitían tomar conciencia de la santidad de Dios, pero corrían el gran peligro de derivar en una práctica exterior sin que el corazón fuese alcanzado.

Los creyentes del Antiguo Testamento habían comprendido que se necesita más que ritos para acercarse verdaderamente a Dios.

Hay que recibir de Dios una pureza interior, la del corazón, que en nuestra vida se traduce en acciones justas, honestas y llenas de bondad (Salmo 24:4).

Hoy Dios da un corazón purificado a todo el que cree en el Señor Jesús. Esta pureza ante Dios es la de la vida de Jesús, la cual recibimos en nuestro ser interior.
Somos perdonados de nuestros pecados y puros ante él porque somos beneficiarios del sacrificio de Jesús en la cruz.
La fe dirige nuestra mirada con adoración hacia Cristo: él adquirió para nosotros una vida nueva, santa.

También nos permite vivir esta vida cada día. Esta pureza de corazón en todas nuestras relaciones, acciones y decisiones nos da la fuerza para rechazar el mal, el orgullo, el rencor, la crítica, la falsedad…
Así, nuestras relaciones con los demás estarán iluminadas por una belleza, una profundidad y autenticidad nuevas.

“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22).

LECTURA ADICIONAL: Joel 2 – Marcos 14:53-72 – Salmo 60:1-5 – Proverbios 15:25-26

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